Hay días en que me miro al espejo y no reconozco a la persona que fui antes de ser madre. Como si todo lo que era se hubiera difuminado detrás de los cuidados, las tareas y las necesidades de otros.
Tener un proyecto propio no es egoísmo. Es supervivencia emocional.
Vivimos como si ser madre fuera suficiente para llenar toda nuestra existencia. Pero hay una parte de nosotras que necesita crear, construir algo que sea únicamente nuestro. Y esa necesidad no desaparece porque tengamos hijos.
Antes de ser madre, eras muchas cosas. Tenías aficiones, proyectos, sueños que no tenían que ver con cuidar a nadie más que a ti. Quizás escribías, dibujabas, tenías ideas para un negocio. O simplemente sabías qué te gustaba y qué no.
Llegan los hijos y todo eso queda en pausa. Al principio parece lógico. Necesitas adaptarte, encontrar tu ritmo, sobrevivir a los primeros meses. Pero pasan los años y esa pausa se convierte en olvido.
Un día te das cuenta de que no sabes qué te gusta hacer cuando no tienes que hacer nada para nadie más. Has perdido el contacto contigo misma.
⚡ Haz esto ahora
Piensa en qué hacías antes de ser madre que te hacía sentir viva, creativa, tú misma. No lo que hacías como trabajo, sino lo que elegías hacer. Anótalo en una nota del móvil.
Un proyecto propio no es solo una actividad. Es un territorio donde vuelves a ser persona, no solo función.
Tu cerebro necesita retos que no sean logísticos. Crear, resolver problemas, aprender cosas nuevas que eliges tú.
Un espacio donde tomas decisiones sin consultar a nadie. Donde el éxito o fracaso depende solo de ti.
Aunque sean 20 minutos al día, vuelves a tener momentos que son solo tuyos. Sin interrupciones ni demandas.
Cada pequeño avance en tu proyecto te recuerda que puedes hacer cosas. Que sigues siendo capaz.
No se trata de escapar de tu vida como madre. Se trata de añadir una dimensión que te pertenece completamente. Tu proyecto es el lugar donde vuelves a encontrarte contigo.
Los proyectos propios no compiten con la maternidad. La complementan. Cuando tienes un espacio donde eres tú misma, vuelves a casa más entera, más presente, más feliz.
No es que necesites menos a tus hijos. Es que ellos también merecen una madre que sea una persona completa, no solo una función.
Y tú mereces recordar quién eres más allá de lo que haces por otros.
💡 Un tip que me funciona
Cuando me siento culpable por dedicar tiempo a mis proyectos, me pregunto: ¿qué ejemplo le estoy dando a mis hijos? Si mi hija me ve solo como alguien que cuida y resuelve, ¿qué mensaje le transmito sobre lo que puede ser una mujer?
Verme trabajar en algo mío, disfrutar creando, tomar decisiones sobre mis proyectos, le enseña que las madres también somos personas con sueños propios.
Mi proyecto no me aleja de ser buena madre. Me convierte en el tipo de madre que quiero ser.
"No puedes dar lo que no tienes.
Y no puedes tenerlo si nunca te lo das a ti misma."
No necesitas tiempo libre. Necesitas decidir que mereces un espacio propio y encontrar la forma de crearlo dentro de tu vida real. Con hijos, con trabajo, con todas las responsabilidades que ya tienes.
Puede empezar con 15 minutos tres veces por semana. Con una idea que anotas en el móvil mientras esperas en el cole. Con un proyecto pequeño que cabe en los huecos que ya existen. Lo importante no es el tamaño. Es que sea tuyo.
Tu proyecto propio no es un lujo. Es una necesidad que has aprendido a ignorar, pero que sigue ahí.
Un espacio más íntimo donde comparto lo que no cabe en un artículo.
Sin frecuencia fija. Sin spam. Solo cuando hay algo que vale la pena decir.
Sin compromisos. Puedes dejar de seguir cuando quieras.